QueridaS CositaS

Diario de una mamá que le va contando a su hija, lo que ha ido sintiendo, pensando y experimentando desde que supo de su existencia. Casi tres años después que Beatriz, nace Javier y la familia crece. Las experiencias y las cosas que contar también...

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martes, 23 de abril de 2013

Cuando el problema se llama "mamá"

Tal vez al haber superado la barrera de los dos añitos, inconscientemente pensaba que te convertirías en un hombrecito de repente, que afrontaríamos ciertas cosas de forma distinta. A pesar de que quiera retener a mi bebé, también hay ciertos hábitos que me tienen bastante cansada, y sobretodo, preocupada. Ya no son las rabietas que todavía durarán una época, las cabezonerías o que aún no entiendas que no puedes conseguir ciertas cosas cuando tú quieres.

Los momentos duros que comienzan a ser una larga racha son:

1.- Las comidas. Dejando aparte que a veces te comes algo devorándolo, casi sin masticar, y otras veces poniéndote lo mismo en el plato ni lo quieres probar. De tu vicio con el “gogur” y el “gogur beío” (bebido)... Sé que esas cosas son propias de la edad. Mi principal preocupación es la leche. Decidimos dejar de comprar la “especial niños-crecimiento” pasando a la normal (entera de toda la vida) y aunque hemos probado todas las posibilidades: echando cereales, cola-cao - no, mami, ocolate, noooo-, (en eso está claro que no has salido a mi), más o menos caliente... Nada, no ha habido forma: es probar el bibe (algo que tampoco quieres dejar para pasar a vaso) y escupir, o entrar en rabieta, y por supuesto, no tomar un trago más. Curiosamente en la guarde, leche “normal” con los mismos cereales, te lo desayunas sin rechistar. Y curiosamente también, que aún así, insistes en pedir tu “bibe”, a veces para rechazarlo directamente en cuanto te lo he preparado. El colmo de la curiosidad: volvemos a comprar tu leche de siempre, la pruebas, ¡y ahora tampoco la quieres! Conclusión: ¡no hay quien te entienda!!!

2.- El irte a dormir. Y aquí sí que me voy a explayar... Batalla perdida: Javi "unmontóndepuntos" - Papá y Mamá "cero". Asumimos que no querías dormir siesta los fines de semana desde bien pequeño a menos que sea en un descuido (a veces incluso comiendo se te dobla el cuello en la trona), en un paseo, en un viaje en coche... Pase. Te cuesta aguantar hasta el final del día pero es soportable. Es cada noche después de cenar, cuando tu padre y yo suspiramos ante la que se nos avecina. Con suerte es media hora de lucha, pero a veces llega a superar la hora. Antes era bajarte de la cama y acompañarte unas mil veces, pero es que ahora directamente no te quieres ni acostar. Al final tiene que ser a la fuerza, y formando en tu cama un garaje completo de cochecitos (ni jugando es fácil convencerte) y además, hay que quedarse contigo hasta que caes. Sé que si hubiera pasado con tu hermana (que tal vez incluso ocurrió, pero esas cosas ya se pierden en mi memoria) te dejaríamos llorar sin más, y en unos días, como la seda. También es cierto que hemos probado todo o casi todo, y que como te puedes bajar de la cama podías pasarte horas de pie, en el salón, sin que te hicierámos caso, mirándonos sin más y encima perdiendo tiempo de sueño. Tu hermana al menos en su momento no podía bajarse de una cama mucho más alta que en la que duermes tú. El “problema” añadido ahora es esa rabieta desde que decimos que es hora de ir a dormir, tu resistencia a tumbarte, y que tu hermana cae en coma profundo desde que su cabeza toca la almohada, y obviamente queremos que ella pueda descansar. También es cierto que puedes llorar hasta desgañitarte y rara vez se despierta, pero vamos, que no es lo mismo cuando tienes uno que cuando tienes dos. Tal vez busco excusas que ni yo misma entiendo, y cada día me pierdo más en esto de la educación. Porque el problema además no acaba aquí. Cuando el suspiro de papá y mamá es de alivio porque por fin te has dormido, rezamos en silencio para que no te despiertes a las tantas. Porque lo raro rarísimo es una noche de tirón. O madrugas en exceso, viniendo a buscarme a mi cama (últimamente la opción menos frecuente), o lo peor, el llanto repentino de madrugada en el que básicamente al final buscas lo mismo, a mamá. 

Sumarle una mañana de despertar tranquilo, feliz y relajados, ya es una utopía porque después de tanto trasiego nocturno últimamente tampoco hay quien te levante para vestirte (cuando a veces los fines de semana madrugas lo mismo o más), montando un pollo de aupa cuando yo misma no he terminado de despertarme para tener energía. Después de una noche movidita, empezar la mañana así agota a cualquiera, salgo cansada de casa ya. Y encima también momento koala al dejarte en la guarde, puffff.  

Pero bueno, a lo que iba, las noches...Ya no sé si son terrores nocturnos, que no te gusta tu cama con “techo encima” (me he planteado que las consecuencias de no mantenerte más en tu cuna las sufrimos ahora) - y juro por lo que más quiero (vosotros) que hasta me he imaginado montándola de nuevo-  ó que simplemente al despertarte solo, cuando te dormiste acompañado, te cabrea. O que todo se resume en una mamitis desorbitada. Esta noche me tumbé en tu cama, y cuando conseguí que te relajaras e hicieras lo mismo, me abrazabas como si se te fuera la vida en ello. Y sé que sonríes al salirte con la tuya, como diría papá “te ríes de mi”, pero reconozco que cuando me rodeas el cuello con tu bracito, pegando tu cara a la mía buscándome, sucumbo ante “ese bebé” y  me embargo con tu olor, la suavidad de tus manitas al acariciarlas, de tu pelo revuelto, tu respiración... y en ese instante pienso que me da igual que me despiertes y que tenga que dormir encogida y helada a tu lado con tal de disfrutarte así, ahora que puedo, que me dejas, que me obligas. Para qué negarlo: me encanta. Y eso que nunca he sido partidaria del colecho, ¡ejem!.......


Si puedo escaparme de tu lado, te despiertas como si tuvieras un radar , y no tardas mucho en ir a nuestra cama y acurrucarte a mi lado. Como argumento a mi favor alego que la mayoría de las veces estoy tan dormida, que bien por no desvelarme bien por no ser plenamente consciente, es pura inercia echarme a un lado para hacerte sitio a mi vera. Y ya no sé qué hacer, porque siento que pierdo el norte contigo, todos mis principios; no sé si es justo, si no, si pienso demasiado, o si pensar una solución "mejor" es precisamente lo que debo hacer... O si al contrario simplemente debo dejar mi parte racional de lado y seguir guiándome por esos instintos de apego. Si comprar estrellitas para pegar en ese techo porque pensé que te relajarían y harían más bonita tu cama (creyendo, insisto, que no te gusta) o si no servirá de nada… Tu papi intenta ayudar, pero sé que el problema soy yo, mamá. Y mami en definitiva ya no sabe si ser dura, luchar, y perderte definitivamente como el bebé que duerme a mi lado, o si seguir mimándote y consintiéndote ese cobijo perdiendo mi descanso, mi paciencia, y tal vez a este paso al otro chico de mi vida, jajajaja. Y es que si no me lo tomo con humor... ¡me voy a dormir a un hotel!
Mismo día, por la noche: hoy que mamá está en clase de ballet, a la hora de irse a la cama, el pequeño se acuesta con el coche que toca, y se duerme. Sin más. Sin protestar ni levantarse. Definitivamente, el problema es mamá.

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Dedico esta maravilla a "mi primera niña", y a los dos pequeños que he tenido después...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si te quedas más tranquila.... Comienza a protestar dormido en su camita, se le oye si se baja un poco el volumen de la tele, ahora que has apagado la de la cocina después de publicar este pedazo de reflexión no del todo objetiva aunque muy real.

Seguiremos rezando en silencio porque no se despierte aunque sí lo hace y volvemos a dormir los tres en la cama, conmigo tirado en una esquinita de la cama tampoco pasa nada, a mi me encanta y al que no le guste que no mire, jejejeje