Ayer fuimos a la casa que fue nuestro hogar durante seis
años. Durante el camino, que perdida la costumbre diaria se me hizo eterno,
sonreía para mis adentros pensando cómo habíamos aguantado el periplo tanto
tiempo. Aquellos madrugones, y maldesayunos en el coche. Vuestros llantos, cansados, en los
atascos, llegar a casa bien entrada la noche, y sin haber amanecido volver a salir. Estar lejos de todo y de todos...
Pero ya entrando en el pueblo, y cuando tú, Bea, empezaste también a recordar
diciendo que te sonaba, que ya estábamos llegando, me dejé llevar por el recuerdo
y la añoranza. Esas calles, por las que tanto os paseé en el carrito, con el
único sonido de fondo de los pajarillos. El camino a hacer la compra, o al
parque. Aquella ermita, que ayer no pude ver, escenario de uno de los días más
felices de nuestra vida, nuestra boda. El bar de Antonio...
Así que ya aparcando el coche, entrando al portal, o incluso al ascensor me dejé invadir completamente por la nostalgia. La casa, casi vacía, apenas es un atisbo de lo que fue nuestro hogar, pero aquellas paredes guardan aún muchos recuerdos. El hogar que vivió mis embarazos, al que llegasteis cuando nacisteis. Ese sofá en el salón, donde os di el pecho y tantos biberones, que fue testigo de noches de desvelos, pero también de vuestras primeras siestas, de risas, de fotos y achuchones. Vuestra preciosa habitación, llena de luz y color, con esa cortina tan bonita, aquellas estanterías, el friso y la cenefa de animalitos. El pasillo, testigo de vuestros primeros gateos, y vuestros primeros pasos, de tantos juegos. Nuestras primeras navidades allí, vuestros primeros cumpleaños...
Dicen que "cualquier tiempo pasado fue mejor" y no creo que siempre sea cierto. Lo que sí es verdad es que tendemos a idealizarlo en nuestro recuerdo, olvidando lo malo y recordando sólo lo bueno, hasta creernos realmente que fue mejor que lo que vivimos en el presente. Es como una vieja amiga o un antiguo novio, de los que ya no recordamos los defectos, como aquella ciudad de la que te expatriaste sin saber ahora muy bien porqué, como aquel lugar donde estuviste y que recuerdas como el mejor del mundo, sin recordar el frío que pasaste, por ejemplo, o lo mucho que llovía. Ayer a mi me ocurrió con esa casa. No pude dejar de pensar, que al irnos de allí, ganamos en comodidad, en tiempo, en tranquilidad... pero como todo conlleva un sacrificio, también dejamos parte de lo que éramos, y como "cualquier tiempo pasado fue mejor", creo que entonces éramos más felices. Con más sueño, más kilómetros a nuestras espaldas, pero más felices. Tal vez sólo esté idealizando el pasado una vez más, sumida en esa melancolía, pero desde ayer no he podido dejar de pensarlo y sentirme así.
Así que ya aparcando el coche, entrando al portal, o incluso al ascensor me dejé invadir completamente por la nostalgia. La casa, casi vacía, apenas es un atisbo de lo que fue nuestro hogar, pero aquellas paredes guardan aún muchos recuerdos. El hogar que vivió mis embarazos, al que llegasteis cuando nacisteis. Ese sofá en el salón, donde os di el pecho y tantos biberones, que fue testigo de noches de desvelos, pero también de vuestras primeras siestas, de risas, de fotos y achuchones. Vuestra preciosa habitación, llena de luz y color, con esa cortina tan bonita, aquellas estanterías, el friso y la cenefa de animalitos. El pasillo, testigo de vuestros primeros gateos, y vuestros primeros pasos, de tantos juegos. Nuestras primeras navidades allí, vuestros primeros cumpleaños...
Dicen que "cualquier tiempo pasado fue mejor" y no creo que siempre sea cierto. Lo que sí es verdad es que tendemos a idealizarlo en nuestro recuerdo, olvidando lo malo y recordando sólo lo bueno, hasta creernos realmente que fue mejor que lo que vivimos en el presente. Es como una vieja amiga o un antiguo novio, de los que ya no recordamos los defectos, como aquella ciudad de la que te expatriaste sin saber ahora muy bien porqué, como aquel lugar donde estuviste y que recuerdas como el mejor del mundo, sin recordar el frío que pasaste, por ejemplo, o lo mucho que llovía. Ayer a mi me ocurrió con esa casa. No pude dejar de pensar, que al irnos de allí, ganamos en comodidad, en tiempo, en tranquilidad... pero como todo conlleva un sacrificio, también dejamos parte de lo que éramos, y como "cualquier tiempo pasado fue mejor", creo que entonces éramos más felices. Con más sueño, más kilómetros a nuestras espaldas, pero más felices. Tal vez sólo esté idealizando el pasado una vez más, sumida en esa melancolía, pero desde ayer no he podido dejar de pensarlo y sentirme así.



1 comentario:
¿Te persigue tu pasado? No puedes permitírtelo. Lo bueno y lo malo, lo que hiciste y lo que no o el daño que te causaron o el que tú causaste no pueden perseguirte toda la vida. El pasado es útil para aprender de los errores, pero hay que saber olvidarlo. Deshazte de los malos recuerdos y deja en un rincón de tu intimidad los buenos, ni unos ni otros deben robarle el protagonismo al ahora.
¿Te obsesiona tu futuro? Tampoco debes permitírselo, ni por el miedo a lo que pueda suceder ni por mucho empeño que pongas en pensar que serás feliz cuando alcances una meta. El futuro es tan incierto que ni siquiera sabemos si lo vamos a vivir, por lo que no se trata de ir a salto de mata, pero sí de darle la importancia justa.
Los pequeños placeres son la felicidad
La compañía de la familia y los amigos, cada etapa del crecimiento de tus hijos o cada momento vital de tu propia existencia son pequeños tesoros que cuando quieras darte cuenta habrán desaparecido.
Por eso tienes la obligación de disfrutarlos ahora: son el presente, la vida y la felicidad.
Publicar un comentario