Nos iban haciendo falta y
creo que también nos las habíamos ganado, qué menuda rachita estresante
llevamos aunque sólo sea por la "nueva" casa y los mil virus que se coge
Javier. Cierto que en el cole tenéis demasiadas (aunque por tus
notazas, Bea, si cabe mejores que el trimestre pasado sí que te las has
merecido), tuvimos que dejarte unos cuantos días con el yayo y tita
Cris, todavía se me encoje el alma al recordar los berrinches que cogías
muchas tardes al dejarte, y esa sensación de abandono que nos entra a
los papás. Pero siempre para que no tuvieras que madrugar (de hecho,
¿por qué en su casa nunca lo haces?) y pudieras disfrutar de unas
vacaciones de verdad.
Mi querido pitufo: se nos acaba el tiempo (y a mi que me sigue dando penita ir diciendo adiós a ese bebé) para ensayar que "digas" que tienes un añito con tu dedito, ya lo vas haciendo cuando quieres, aunque se te da mejor quitarte los zapatos, rechupetearlos, llevarte las manos a la cabeza cuando se te pregunta hasta dónde estás (y sin preguntarte también) y hacer el indio (literalmente) "AAaaaaaa" con la mano en la boca, sobretodo con tu hermana, con la que te mondas de risa. Ponerte de pie a la primera de cambio, buscar al menos una de nuestras manos, y elegir hacia dónde quieres ir, que anda que no eres cabezón, sobretodo buscando bajar y subir escaleras, que te encanta. Te vamos soltando cuando te descuidas, y mantienes bastante el equilibrio, se te escapa algún pasito, aunque aún temes soltarte del todo. Nos vuelves locos, eres un bichito encantador, que regala sonrisas de pillo, "escondidas" a veces por vergüenza.
Mi
querida princesa, qué más te puedo decir, si es que eres una cotorra
encantadora. Orgullosos de tus notas, excelentes, tu única materia
pendiente, desgraciada herencia supongo, el comedor. Pero es lo que
menos me preocupa... Te ganas el cariño de todo el mundo, e irradias una
alegría contagiosa. Creo que no podías disfrutar más de las vacaciones,
al sol, en parques, consentida por los yayos, feliz. Hasta de volver al
colegio hoy... Una señorita encantadora a punto de tus cuatro añazos
ya.
Mi querido pitufo: se nos acaba el tiempo (y a mi que me sigue dando penita ir diciendo adiós a ese bebé) para ensayar que "digas" que tienes un añito con tu dedito, ya lo vas haciendo cuando quieres, aunque se te da mejor quitarte los zapatos, rechupetearlos, llevarte las manos a la cabeza cuando se te pregunta hasta dónde estás (y sin preguntarte también) y hacer el indio (literalmente) "AAaaaaaa" con la mano en la boca, sobretodo con tu hermana, con la que te mondas de risa. Ponerte de pie a la primera de cambio, buscar al menos una de nuestras manos, y elegir hacia dónde quieres ir, que anda que no eres cabezón, sobretodo buscando bajar y subir escaleras, que te encanta. Te vamos soltando cuando te descuidas, y mantienes bastante el equilibrio, se te escapa algún pasito, aunque aún temes soltarte del todo. Nos vuelves locos, eres un bichito encantador, que regala sonrisas de pillo, "escondidas" a veces por vergüenza.
Después
de estos últimos días de paseos y parques por Alicante, y aunque a mi
no me hacíais mucho caso, os echo tanto de menos... Cuánto silencio de
repente, de vuelta a nuestras rutinas.
Más fotos en el álbum Nuestra familia en 2012
(esta vez monopolio casi exclusivo de Javier, que es el que se "deja")





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