Javier, ¡qué edad peligrosa que tienes! Teniendo en cuenta que la hamaca ya la vuelcas y me has dado algún susto, el parquecito que tenemos en el salón lo mismo, acabas saliéndote de él; que en el suelo todavía el gateo no lo controlas (empiezas bien, pero acabas sentándote, o arrastrándote con una pierna delante y otra detrás) y te puedes chocar con cualquier cosa, en la cuna te pones siempre de pie y algunas veces acabas resbalando, abriéndote de piernas, o lo que es peor, cayéndote contra los barrotes... ¿Qué hacemos contigo? ¿Dónde te ponemos? No hablemos de vestirte o desvertirte...¡acabo sudando la gota gorda! Pero reconozco que estás para comerte, para darte unos buenos bocados en esos mofletes. Has empezado a "parlotear", básicamente dices "Apaaaa" (para otros será "papá" pero a mi me gusta pensar que te diriges a mi piropeándome"), y abres la boca para cogerme todo el carrillo en lo que yo quiero pensar también son tus primeros besos. Porque parece que empiezas a tener mamitis, que prefieres mis brazos, y muchas veces acercas tu carita a la mía para que te haga mimos. Qué guapísimo has salido en las fotos de la guarde (aunque esté mal que yo lo diga) Vuelves a tener mocos, pero parece que por fin esta vez no van a más.Tú, Bea... Fritos nos tienes con tus ensayos del villancico, que se me pega eso de "con mi burrito sabanero voy camino de Belén..." Estás graciosísima, espero que en la actuación de mañana no te bloquees y cantes y bailes con el mismo salero que lo haces en casa, mi preciosa pastorcilla. Nos tienes un poco preocupados con tu comportamiento, muchas veces rebelde, y que también nos cuenta Susana, tu profe. Como siempre puedes ser tremendamente encantadora, y otras veces una desobediente desquiciante. Parece que estos dos últimos días te estamos metiendo en vereda de nuevo, hace falta tanta paciencia y constancia, que a veces no es fácil. Mismamente hace unos días, te levantaste de la cama y te plantaste en el salón. "No quiero dormir, yo también quiero ver un rato la tele". Te mandamos de vuelta a tu habitación, y cuando me fui a asomar te encuentro sentada en la puerta del salón, piernas cruzadas, y mirando la tele tan tranquilamente. No pudimos evitar reirnos por dentro. Parecías una adolescente en pequeño reivindicándote. Contigo es un continuo tira y afloja, pero no puedo negar que tus momentos/días buenos son también para comerte a besos.
Como hermanitos, juntos... pues qué voy a decir... ¡me encantáis! Mi momento baba preferido, insisto, es ese ratito que tenéis los dos cada noche, ya acostados, uno asomado a la cuna (con sus grititos y carcajadas) y la otra mondándose de risa desde la cama. Babeo y sonrío simplemente con escucharos desde el salón (aunque al final acabe enfadada porque los minutos pueden convertirse en una hora y al final cuesta que os durmáis)




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