Y hoy de repente veo que el tiempo, ese que me he empeñado en disfrutar, se va rápido. Días de piscina, de relax (todo lo que permite tener dos niños), de ilusiones por la futura casa e ir viendo cositas, visita de amigas en casa, mudanza un par de días con otra, compartiendo a los cuatro niños, charlas y mucho más. Y casi estamos a mitad de agosto ya. Pero prefiero pensar en lo que nos queda. Hoy de nuevo partimos a Alicante una semanita, y aunque papi irá y vendrá para trabajar (le dejaremos disfrutar también de unos días de soltería sin hijos, aunque le extrañaremos) sé que estos días, de yayos, playa y piscina también se escaparán, que nos plantaremos de repente a finales de agosto, con todos los preparativos de la vuelta (o el inicio para Javier) al cole. Pero justo me queda un mes de disfrutaros. De Javier, mucho más tranquilo, hecho un pillín sonriente que tumbado da vueltas por doquier y reclama continuamente atención. De Bea, que a pesar de sus malos ratos es una princesa encantadora, con sus historias y fantasías llenas de imaginación. Voy a seguir con las maletas... Meteré un montón de sonrisas, mimos y alegría, y dejaremos en Madrid por el momento la rutina, las preocupaciones y los agobios. Que hay tiempo para todo.


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