Bea, me encanta el olor a tierra mojada después de llover. Ahora, en verano, en la que la mayoría de los días hace un bochorno insoportable, más aún. No se aprecia que haya llovido, o que haya caído una buena tormenta; no hay charcos, e incluso dudo que la tierra siga húmeda, ya que se seca en minutos con tanto calor, todo parece seguir igual, pero el olor a lluvia está ahí, de fondo, y lo envuelve todo. Sólo unos pocos, acostumbrados a desentrañar lo más profundo, íntimo y oculto de las cosas se darán cuenta de ese olor envolvente.
Tal vez el aroma a tierra después de llover me guste tanto porque a la vez odio los cambios. Aunque huela tan bien nada ha cambiado, todo sigue en su sitio...


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