Bea, desde que eres caminante (aún un poco borrachilla) y te niegas a darnos la mano eres totalmente independiente, pero también incontrolable. Que te escapes el viernes corriendo por el cesped del Juan Carlos I, con tus abuelitos alucinados, vale. Que te escapes en casa por el pasillo, arrastrando la sillita roja o la mochila de ruedas (mira que te gusta!) y no saber en qué habitación podemos encontrarte haciendo de las tuyas, pase. Pero que salgas corriendo tan campante hasta diciéndonos adiós con la mano en un centro comercial... no, Bea, no. Más que nada por los peligros, que tú, inconsciente ignoras. Corretear con tus más o menos 72 cm. de altura por pasillos atestados de gente a la que llegas a la altura de las rodillas en la Vaguada, yendo hacia donde a ti te apetece y enfadándote y tirándote al suelo cuando intentamos que nos des una manita... no puede ser. En segundos podemos perderte de vista, puedes chocar, que te lleven... y no sólo por delante. Bea, tienes que acostumbrarte a ir de la mano en sitios "peligrosos". Pero es que tú no ves el peligro en ninguna parte. Ayer mismamente querías jugar al fútbol con los niños "grandes" que jugaban en el parque de casa. En un descuido te metías en su campo y les cogías el balón. Bea, Bea...¡que eres muy pequeña!


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