Hace unos meses relaté que te habías escapado de la hamaca. Pues esta mañana muy temprano casi me muero de infarto, Bea. Resulta que hoy has amanecido a las cinco de la mañana (¡seguimos un poco descentrados con el sueño!) y como aún me quedaba una hora de al menos estar en la cama, te he llevado juguetes a la cuna para entretenerte aunque querías que te sacara. Has aguantado hasta que me he levantado, y luego, para que me dejaras arreglarme (porque al volver a verme has querido que te cogiera) te he sentado en la trona a ver la tele. Pues cuando ya he terminado de vestirme, me voy a buscarte al salón para vestirte a ti, y me encuentro la trona vacía , ¡¡¡qué vuelco me ha dado el corazón!!. Por "instinto" he mirado en el suelo. Ni te veo ni te oigo. De repente sales caminando de la cocina, descalza claro, con un mando de la tele en cada mano (para variar), y al verme sonries y me dices tranquilamente "holaaaaa". Vas hacia el baño, yo todavía en estado de shock, ves a tu padre y dices otra vez holaaaaa . Tú tan pichi y yo temblando. ¿Pero cómo te has escapado de la trona, y sin hacerte daño? ¿Escurriéndote? La verdad es que no te había atado (tenía demasiado sueño), pero pensaba que con bandeja y todo sería imposible. Qué susto me has dado, madre mía, y tú recorriéndote la casa tan pichi. ¡Quiero saber cómo lo haces! En otra ocasión te siento y me escondo, a ver cómo te apañas, ¡bicho!
Si es que ahora no hay quien te controle, Bea. Ayer igual, al recogerte en la guarde no querías brazos (¡ya los pedirás cuando seas demasiado grande!), querías ir tú caminando, sola, sin dar la mano. Y claro, encima habíamos aparcado un poco más lejos, y tú empeñada justo en ir en dirección contraria, ¡más graciosa!. Estás empeñada en ir cogiendo tu autonomía, hacer cositas sola. Es estupendo, pero agotador. Además, te das palmas tú sola (jeje) cuando consigues algo, como montar el "osito de aros", una de tus últimas metas alcanzadas.


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