QueridaS CositaS

Diario de una mamá que le va contando a su hija, lo que ha ido sintiendo, pensando y experimentando desde que supo de su existencia. Casi tres años después que Beatriz, nace Javier y la familia crece. Las experiencias y las cosas que contar también...

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martes, 30 de octubre de 2012

Lo que echaré de menos

Cuando ya han pasado horas cuesta describir la sensación, pero voy a intentarlo. Anoche, cuando me senté a los pies de tu cama esperando que te durmieras después del periplo de haberte levantado a buscarme unas cinco veces, hice por vivir ese rato de una forma diferente a la desesperación, totalmente opuesta, y por supuesto mucho más enriquecedora:

... Pensando en que cada momento, aunque fuera el de verte dar vueltas y más vueltas en la cama, resistiéndote a dormirte, culillo en pompa, subiendo y bajando de la almohada, hablando solo, riéndote, con esos gestitos en tu boquita, esas caras, esos mofletes que dan ganas de morder, tu cuerpecito, tan perfecto, tus patadas al edredón cuando intento taparte, tus caricias en mi espalda intentando atraer mi atención (con mis consiguientes estremecimientos)…. Que todo, aunque fuera estar ahí, mirándote, esperando que por fin pares quieto de repente y te duermas,  tenía que disfrutarlo lo más intensamente que pudiera, porque algún día, seguro, lo echaré de menos. Porque el tiempo pasa, ¡y de qué manera!, crecéis más rápidamente de lo que quisiera, y cuando me quiera dar cuenta dejaré de tener esos instantes, que en presente parecen nimiedades pero que en el fondo son los importantes, los que me gustaría retener para siempre en ese “congelador de momentos”, para volver a sentir lo mismo cuando quisiera, pongamos dentro de 15 o 20 años. ¿Podré recuperar esa sensación? Tal vez no, por eso tengo que vivirlo ahora hasta que me traspase por completo.

Así que, aunque fuera de reojo para no “provocarte”, en ese silencio en el que temes hasta respirar, no dejé de observarte, empapándome de todo, de la imagen, del calor, del olor de la habitación en la oscuridad, y seguro que se me dibujó una sonrisa tonta de esas de mamá enamorada, mientras que además la música clásica que sonaba en tu “mamá pata” ponía más encanto al momento de película… El momento éxtasis fue verte dormido por fin, tu respiración tranquila, tus pestañas larguísimas, tus labios en media sonrisa, tu pelo rubio revuelto, tu culillo marcado en ese pijama amarillo. Seguí mirándote mientras dormías varios minutos, queriendo retenerte así para siempre. Haré sitio en mi “congelador” de momentos para mantener esa imagen en mi todo el tiempo que pueda… Porque lo echaré de menos...

1 comentario:

Yaya dijo...

Puedo asegurar que no necesitas "congelador"para mantener vivos infinitos momentos vividos y que vivirás,aunque pasen muchos años.

Ni la vida ni el tiempo hacen borrar tan benditos recuerdos.