En un susurro, por si acaso: ¡noche sin cólicos! Cuando a las 21:25 papi y yo comprobamos que los dos dormíais no pudimos evitar sonreir, abrazarnos, y tirarnos en el sofá (qué a gusto) a ver una película en el ordenador. Y sí, el sueño me venció sin acabar de verla...y me fui a la cama temiendo que la fiesta empezara más tarde, pero en ese momento eramos felices. Tomas en su debido tiempo, alguna leve queja... pero vuelta a dormir. Cuando el despertador ha sonado para que se levantara papi, seguíamos sin creerlo, lo hemos celebrado otra vez, sonriendo mucho. Tu padre se ha ido con un humor distinto a trabajar. Y hasta tú, Bea, ¡te has levantado contenta! y no te ha costado despedirte. Así da gusto. Qué dure...


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