Fue descorazonador recogerte ayer en la guarde, te dejamos por la mañana cuando todavía no había llegado ningún niño más, y por la tarde también estabas sola. Pero no fue la única vez ayer que se me cayó el alma a los pies. Ya de por sí mi humor estaba en horas bajas, y el fin de año que se acerca no ayuda, lo único que mantiene ese alma en pie es la eco de mañana, y lo mimosa que estás tú, Bea. De camino a casa, y no lo esperaba, el tráfico y el tiempo de siempre para llegar. Y sin embargo me hiciste sonreir al ir comiendo un chupachups y decirme: "mami, cuando seas pequeña puedes comer un chupachups, te sientas en mi silla y yo conduzo, ¿vale?" :)
Al llegar a casa, y a pesar de tener mil juguetes nuevos, te empeñaste en subirte al triciclo, llevarlo a la cocina, y que te enseñara a dar los pedales, ya casi casi lo consigues, por cierto. A ver si el tiempo mejora para dar un paseíto con él y practicar. A los pocos minutos te dije que había que dejarlo para otro día, que era tarde, y que tenías que ponerte el pijama y cenar. Se te notaba cansadita además, estragos del primer madrugón postnavideño. Y de repente te pusiste a llorar desconsolada. No enfadada ni semejante, sólo tremendamente triste. Me abrazabas, me pedías brazos, mimos, como si tú también tuvieras la depre después de las vacaciones. Y entonces volviste a decir eso de que querías coger a hemanito, qué cuándo salía, y cómo. Acariciabas mi barriguita y casi te como a besos. Pero al decir que había que esperar un poco más, que creciera para salir, seguías llorando, que querías verlo ya. Que cómo salía, preguntaste otra vez. Por el ombligo. Más llanto: pero se va a romperrrrr (no sé muy bien si el ombligo o el hemanito, pobre, si es que eres muy pequeña para contarte estas cosas) El caso es que más o menos conseguí tranquilizarte, y de repente: ¿y mi amiga? ¡quiero ver a mi amiga! Y otra vez a llorar. Pero ¿qué amiga, Bea?. La del paqueeee. Te referías a Marina, la niña con la que estuviste jugando en Alicante. Y verte tan triste casi hace que me ponga a llorar contigo. Y de ésto, que llegó la salvación. Apareció papi y de repente todo cambió. Saltos en la cama, volteretas, juegos y risas... ¡Gracias! Entonces casi lloro de alegría, los tres juntos, y de emoción. Mi alma de nuevo en pie. Cenaste y te fuiste a la cama tranquila. Pero hoy te has quedado llorando en la guardería...; y mi alma se marea con tanto trasiego...


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