Hoy por primera vez te has quedado llorando en la guarde. A lágrima viva. Y he sentido ganas de llorar contigo. De hecho, no he sido capaz de marcharme y dejarte así, te he abrazado, y te hemos tranquilizado entreteniéndote con juguetes. Y entonces he salido a hurtadillas, sin poder "despedirme". Qué penita, por Dios.
Y ahora te recuerdo el sábado, persiguiendo palomas en el Lago de la Casa de Campo, o comiendo gusanitos, y tan contenta con tu triciclo; o ayer, jugando en la arena tan feliz con niños más grandes, tomando prestados sus juguetes. Recorriéndote ya tú solita todo el pasillo de casa, yendo hacia la puerta para salir de paseo (¡qué lista eres!) Comiéndote tu puré de lentejas, que te ha gustado. O cenando trocitos de nuggets de pollo con tus manitas. En definitiva, un lunes más en el que te echo de menos, deseando ya que llegue la hora de ir a buscarte. A ti seguro que el disgusto te ha durado apenas dos minutos, y que ya te lo estás pasando genial, como siempre. En cambio yo no puedo evitar estar ya todo el día con el corazón encogido. Por suerte, esta semana de nuevo es cortita. ¡El jueves ya estamos de puente!


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