Bea, definitivamente ya no eres un bebé. En estos días de vacaciones en Alicante con tus abuelitos ya no sólo has aprendido cosas nuevas, como señalar algo que te llama la atención, o a tirar besos, o a decir con el dedito que tienes un año; es que ya intentas imponer tu voluntad a toda costa, frunces el ceño cuando te enfadas, tiras cosas con rabia, lloriqueas cuando quieres algo, y nos pegas manotazos cuando te mosqueas. Uffff, qué difícil empieza a ser controlarte. He rezado para que sean los dientes (muelas, según el pediatra), o el cambio de ambiente... porque en general has estado estos días bastante gruñona y quejicosa. Y muy risueña y juguetona, encantadora a la vez. Es complicado de describir. A ratos hubiera dado lo que fuera porque dejaras de protestar, cansada incluso de aguantarte, sobretodo de viaje en el coche (Teresa Rabal está bien y nos sabemos las canciones, pero DVD para el coche YA!), deseando "descansar de ti" (sí, lo sé, suena duro) Pero a la vez te comería, me vuelves loca, y ahora, de vuelta a nuestras rutinas, te echo tanto de menos... Intento no pensarlo porque me echaría a llorar. Son sentimientos enfrentados, duelen, y a la vez enternecen. Creo que viene una época dura, en la que irremediablemente dejas de ser bebé, y hay que buscar el equilibrio entre tu carácter y la imposición de tus papás. ¡Que tienes mucho, pero que mucho genio!
Y también tienes mucha ropita nueva, jejeje, regalo anticipado de tus dos abuelitas, ya estás servida para todo el verano, vas a estar monísima. Lástima que estos días no haya acompañado el tiempo para estrenar. Y tus abuelos de Alicante te han regalado un andador con el que haces verdaderos pinitos. Por fin he conseguido hacerte kikis, ¡y estás tannnn guapa! Ah, y te pirran las galletas (creo que hasta las nombras, dices "gueta" o algo parecido), si te dejáramos te comías un paquete entero seguido.
Dos semanas para cumplir un año, parece mentira, qué alegría y qué añoranza al mismo tiempo... Qué deprisa pasa todo. Ayer mismo, en el pediatra, como la revisión estaba precisamente entre los once y doce meses, nos dice que empecemos a darte cenas y que cuando cumplas un año puedes comer de todo. Legumbres, macarrones, lo que comamos. Ufff, lo sabía, me hace ilusión, pero a la vez me pongo a temblar. Mi niña ya no es un bebé. Además has engordado y crecido mucho, estás hecha una mujerona...

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