La felicidad de tus bisabuelos el viernes por la tarde era para no olvidar, lástima que no caí en haceros una foto a los tres. Fuimos a dar un paseo, y de vuelta al coche, te sacamos del carrito y hala, a andar acera arriba acera abajo enfrente de su casa. Verte agarrada con tus manitas, cada uno a un lado, paseando, es digno de mención. Supongo que después tendrían dolor de riñones los pobres pero en ese momento, hinchados como pavos reales, no les importaba nada. Y luego apareció un perrito... y tú loca de contenta. Daba gusto verles tan sumamente felices.


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