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¡Papi está aquí!
El sábado, que amaneciste pachuchilla y con fiebre me temí lo peor… Papi venía el domingo, pero estas cosas pasan normalmente en los momentos más inoportunos. Aunque pasaste el día en El Pardo con los abuelitos un poquito regular, saltándote incluso la merienda, el domingo curiosamente como si supieras el día festivo que tocaba vivir ya estabas como una rosa. Y allí estábamos ayer las dos, en la puerta del aeropuerto con nuestros globos, y tu vestidito de Es MI papi, más guapa que nunca. Fue maravilloso, mientras salía gente no parabas de repetir PAPAPAPAPAPA, como si supieras que estaba a punto de aparecer… Cuando le viste le enseñaste tus seis dientes en la mejor de tus sonrisas. Y a partir de ahí, todo fueron monerías con tu papi babeando incluso más que tú. Hizo un día primaveral, no podía ser mejor: comida con todos en la terracita de “La Bolera” (bicho, ¡qué te comiste casi todo el helado de limón del abuelo!), reparto de regalitos (qué preciosa vas a estar con tus vestiditos mejicanos este verano), paseo y parque con columpios. Llegar a casa, notar que la reconoces, pero ya es tarde, así que tu baño, tu bibe… y luego, curiosamente, y aunque estabas agotada, te costó varios lloriqueos quedarte dormida. Extrañas tu propia casa, tu cuna. Pero seguro que en dos días ya estás re-adaptada. Lo mejor: estar juntos de nuevo los tres, ver a tu papi llevarte en brazos hinchado de felicidad… Y mami babeando… también más que tú.
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