Beatriz:
Ayer, el día en el que cumplías tus cuatro mesecitos, fue de los más intensos desde que llegaste, demasiadas emociones para un día. Cuando tu pediatra habla, y determina que con tu edad tus tomas diarias deberían limitarse a cinco (cuando en tu caso es casi milagroso que fueran seis), que tienes que aguantar toda la noche durmiendo, que te retire del pecho… todo parece fácil, pero luego la práctica… Me gustaría verle a él, ignorando tus protestas con un nudo en la garganta, haciéndome la fuerte, repitiéndome para mis adentros que es lo que tengo que hacer, que es lo “mejor” para ti, tragando saliva al ver tus ojitos llorosos mirándome suplicantes, entreteniéndote durante largo tiempo con cualquier juego que se me ocurre para hacerte olvidar tus reclamos. Obligándote en la madrugada a volverte a dormir, y ya ambas con lágrimas en los ojos, te duermes tras una larga hora, supongo que por puro aburrimiento; y en mis desvelos me pregunto, ¿por qué? ¿Es necesario? Es tan pequeña… Si estoy haciendo lo “correcto”, ¿por qué me siento tan mal? Me siento cruel, cosita, cuando me miras imagino que piensas ¿por qué, mamá? Y te repito por doquier que te quiero mucho, como si pudieras dudarlo. Hace un rato no he podido resistirlo más, llorabas, y yo contigo, y aunque no había pasado el tiempo “necesario” entre toma y toma, he sucumbido…
Ayer, el día en el que cumplías tus cuatro mesecitos, fue de los más intensos desde que llegaste, demasiadas emociones para un día. Cuando tu pediatra habla, y determina que con tu edad tus tomas diarias deberían limitarse a cinco (cuando en tu caso es casi milagroso que fueran seis), que tienes que aguantar toda la noche durmiendo, que te retire del pecho… todo parece fácil, pero luego la práctica… Me gustaría verle a él, ignorando tus protestas con un nudo en la garganta, haciéndome la fuerte, repitiéndome para mis adentros que es lo que tengo que hacer, que es lo “mejor” para ti, tragando saliva al ver tus ojitos llorosos mirándome suplicantes, entreteniéndote durante largo tiempo con cualquier juego que se me ocurre para hacerte olvidar tus reclamos. Obligándote en la madrugada a volverte a dormir, y ya ambas con lágrimas en los ojos, te duermes tras una larga hora, supongo que por puro aburrimiento; y en mis desvelos me pregunto, ¿por qué? ¿Es necesario? Es tan pequeña… Si estoy haciendo lo “correcto”, ¿por qué me siento tan mal? Me siento cruel, cosita, cuando me miras imagino que piensas ¿por qué, mamá? Y te repito por doquier que te quiero mucho, como si pudieras dudarlo. Hace un rato no he podido resistirlo más, llorabas, y yo contigo, y aunque no había pasado el tiempo “necesario” entre toma y toma, he sucumbido…
Describir el cúmulo de sentimientos es demasiado complicado, aunque con sólo cuatro meses suene a risa, ayer sólo me salía la frase “se hace mayor…” Tu independencia, separarte de mi pecho, no ceder a tus “caprichos”, fundamentados en necesidades “puramente animales”... Y por otro lado, ir respetando poco a poco tu personalidad. Como ejemplo, la visita también a tus bisabuelos, en la que estuviste de nuevo muy “tontona”, cansada, fuera de tu ambiente, extrañándolos, mientras yo pretendo que te rías, que vean lo simpática que eres. Y salgo de su casa con un sentimiento extraño de angustia.
Para añadir más emociones a la tarde vamos a visitar tu guarde, es muy bonita, cosita, estarás genial, pero imaginar dejarte allí en un mes, separarnos… también me duele. Y llegar a casa e intentar sacarme la leche, sabiendo que no volveré a sentirte en mi pecho, tan cerca de mí. Ver que irremediablemente me “dejas”, que te vas volviendo, tan pequeñita, mucho más independiente. Sí, mamá, ahora sé lo que se siente, ahora vivo en mis carnes esa frase "cuando seas madre lo entenderás”. Sufro tanto o más que tú, te daría un bibe a tu primer gruñido, te daría un mundo, todo lo que estuviera a mi alcance, mi amor. Como diría tu padre, Beatriz, tal vez hago un melodrama de todo, parezco una exagerada, pero si a él le duele, ¿Qué no sentirá una madre? Y aunque suene a frase hecha, tú también, cariño, algún día lo entenderás. Te quiero mucho, ¿lo sabes? Gracias por tus sonrisas, lo compensas todo con creces.


1 comentario:
Antes de ser mamá...
Yo comía mi comida caliente. Mi ropa lucía planchada y limpia todo el día. Podía sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.
Antes de ser mamá...
Me dormía tarde, tan tarde como quería y jamás me preocupaban las desveladas. Cepillaba y cuidaba mi pelo, lucía uñas largas y hermosas. Mi casa estaba limpia y en orden, no tenía que brincar juguetes olvidados por todos lados.
Antes de ser mamá...
No me apuraba si alguna de mis plantas era venenosa, ni pensaba en lo peligroso de las escaleras o las esquinas de mis muebles. No dejaba mi tiempo en consultas mensuales con el doctor, ni consideraba siquiera la palabra VACUNA.
Antes de ser mamá...
No tenía que limpiar comida del piso, ni lavar las huellas de pequeños deditos marcadas en los vidrios. Tenía control absoluto de mi mente, mis pensamientos, mi cuerpo y mi aspecto físico. Dormía toda la noche y los fines de semana eran totalmente relajados.
Antes de ser mamá...
No me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica, no tuve jamás que detener, con lágrimas en mis ojos, una piernita que sería inyectada.
Antes de ser mamá... Yo nunca sentí un nudo en la garganta al mirar a través de unos ojos llorosos y una carita sucia. No conocía la felicidad total con sólo recibir una mirada. No pasaba horas mirando la inocencia dormir en una cuna. Nunca sostuve a un bebé dormido sólo porque no quería alejarlo de mí.
Antes de ser mamá...
Nunca sentí que mi corazón se rompía en un millón de pedazos al no poder calmar el dolor de un niño. Nunca supe que algo tan pequeño, podía afectar tanto mi mundo. Nunca supe que podía amar a alguien de ese modo, nunca supe que amaría como una MADRE.
Antes de ser mamá...
Yo no conocía el sentimiento que provoca tener mi corazón fuera de mi cuerpo. No sabía que tan especial me sentiría al alimentar a un bebé hambriento. No sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo. No sabía que algo tan chico podría hacerme sentir tan importante.
Antes de ser mamá...
No imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor. No imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería, No imaginaba la satisfacción de ser madre, no sabía que yo era capaz de sentir tanto...AMOR
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